Yerba mala nunca muere
Sept 25, 2004
5:00 am
No estoy seguro de como llegué hasta aquí. En estos momentos es lo que menos importa.
Siento el frío del cemento en mi pecho, siento un calor intenso por toda mi espalda, sangre caliente brotando de no se donde. Mi mano está totalmente roja, puedo ver los surcos de mis huellas digitales perfectamente dibujados con el contraste que ese tibio fluido impone sobre mi piel.
- La sangre va por dentro, no por afuera. Estoy en graves problemas. ¿Acaso será este el final del Dex? Se escucha un conocido tema de Frank Sinatra en el fondo.
Con mi dedo ensangrentado escribo su nombre en el suelo, me detengo...
Dificultad para respirar, en eso me percato de que aún sostengo en mi otra mano un cigarrillo extinto. Por alguna extraña razón no lo he soltado. No lo quiero soltar. Intento respirar profundamente.
Las luces y el ruido de la ciudad comienzan a atenuarse, todo se obscurece. Ya no siento el frío del cemento ni el calor en mi espalda. Ya no siento dolor, ya no siento nada.
Pero no hay tranquilidad, no hay paz.
No hay nigún túnel de luz. No hay ningún dios ni coros de ángeles esperándome.
Estoy completamente solo en esta pésima puesta en escena de algún guión perdido de Almodovar. Tampoco veo las letritas que suelen salir al final de la película, algo anda mal. Tan solo puedo ver a un tipo tirado en el suelo con una herida en el pulmón izquierdo.
- Pobre wey, ya se lo cargó la verga.
Levántate idiota ! eres tú. Levántate ! Pelea, ¿Acaso crees que te voy a permitir irte así de fácil? ¿Crees que te voy a dejar aquí tirado después de todo lo que hemos vivido juntos? Levántate pinche huevón. Aún tenemos la otra mitad del mundo por recorrer y no te voy a dar el lujo de quedarte aquí decorando la banqueta con tu cara de víctima de la madrugada.
- Vamos, respira, uno, dos, uno, dos...
Súbitamente las luces regresan, ahora son de color rojo titilante y puedo ver un montón de pies a mi alrededor.
Unas manos anónimas me ayudan. Puedo escuchar el ruido de la ambulancia con una nueva perspectiva. Desde adentro.
Definitivamente hoy no fue mi día.
Sigo respirando, me duele mucho.
Eso me recuerda de que hoy estoy vivo.
- Yerba mala nunca muere !
5:00 am
No estoy seguro de como llegué hasta aquí. En estos momentos es lo que menos importa.
Siento el frío del cemento en mi pecho, siento un calor intenso por toda mi espalda, sangre caliente brotando de no se donde. Mi mano está totalmente roja, puedo ver los surcos de mis huellas digitales perfectamente dibujados con el contraste que ese tibio fluido impone sobre mi piel.
- La sangre va por dentro, no por afuera. Estoy en graves problemas. ¿Acaso será este el final del Dex? Se escucha un conocido tema de Frank Sinatra en el fondo.
Con mi dedo ensangrentado escribo su nombre en el suelo, me detengo...
Dificultad para respirar, en eso me percato de que aún sostengo en mi otra mano un cigarrillo extinto. Por alguna extraña razón no lo he soltado. No lo quiero soltar. Intento respirar profundamente.
Las luces y el ruido de la ciudad comienzan a atenuarse, todo se obscurece. Ya no siento el frío del cemento ni el calor en mi espalda. Ya no siento dolor, ya no siento nada.
Pero no hay tranquilidad, no hay paz.
No hay nigún túnel de luz. No hay ningún dios ni coros de ángeles esperándome.
Estoy completamente solo en esta pésima puesta en escena de algún guión perdido de Almodovar. Tampoco veo las letritas que suelen salir al final de la película, algo anda mal. Tan solo puedo ver a un tipo tirado en el suelo con una herida en el pulmón izquierdo.
- Pobre wey, ya se lo cargó la verga.
Levántate idiota ! eres tú. Levántate ! Pelea, ¿Acaso crees que te voy a permitir irte así de fácil? ¿Crees que te voy a dejar aquí tirado después de todo lo que hemos vivido juntos? Levántate pinche huevón. Aún tenemos la otra mitad del mundo por recorrer y no te voy a dar el lujo de quedarte aquí decorando la banqueta con tu cara de víctima de la madrugada.
- Vamos, respira, uno, dos, uno, dos...
Súbitamente las luces regresan, ahora son de color rojo titilante y puedo ver un montón de pies a mi alrededor.
Unas manos anónimas me ayudan. Puedo escuchar el ruido de la ambulancia con una nueva perspectiva. Desde adentro.
Definitivamente hoy no fue mi día.
Sigo respirando, me duele mucho.
Eso me recuerda de que hoy estoy vivo.
- Yerba mala nunca muere !

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